Tendencias del mundo de la construcción en Latinoamérica

Junio 27, 2016


Latinoamérica es un territorio muy amplio y en muchos sentidos diverso, caracterizado por su destacada multiculturalidad y la notable variedad de ambientes naturales y urbanos que lo cubren de un extremo a otro. Cohabitan en ella gran cantidad de ciudades muy pobladas, donde muchas son ya un referente arquitectónico a nivel mundial por su destacable valor. Factores como la latitud, altitud y cercanía al mar u otras masas de agua, así como la majestuosa diversidad en el clima, flora, fauna, relieve, topografía e hidrología, contribuyen a que las tendencias arquitectónicas sean también muy variadas y creativas, reflejando la personalidad y el estilo urbanístico de cada una. Esta variedad viene dada también por la marcada diversidad étnica de sus habitantes, que genera un prisma muy amplio de preferencias y estilos de vida, los cuales influyen directamente en el mundo de la construcción, y por último en la imagen que cada localidad proyecta.

Latinoamérica es el subcontinente más urbanizado del globo terráqueo. Según la Organización de las Naciones Unidas, el 80% de la población vive en ciudades, de las cuales procede la mayor parte de las riquezas; no obstante, las grandes metrópolis latinoamericanas presentan rasgos muy distintivos que las diferencian de las urbes de otras regiones del mundo, ya que están caracterizadas por una distribución poblacional sumamente inequitativa, siendo usual y frecuente encontrar en ellas poblaciones divididas y segregadas, tanto en el sentido social como espacial. Los factores económicos y sociales influyen directamente en la actividad del sector construcción y en la forma y aceleración con la cual se expanden las zonas urbanas.

En las últimas dos décadas, se ha evidenciado una mejor integración de los sectores menos favorecidos de estas ciudades a las áreas urbanas mejor desarrolladas, un proceso que ha permitido la expansión de las áreas metropolitanas, facilitando el acceso a los servicios públicos de estas personas, mejorando notablemente su calidad de vida. Sin embargo, tal expansión presenta serias desventajas: se basan en modelos de crecimiento insustentables, disponen de sistemas de vialidad insuficientes, tomando en cuenta que el número de automóviles es más del doble que hace veinte años, y generan un consumo energético muchas veces desproporcionado. Por otro lado, las ciudades en crecimiento deben necesariamente contar con un buen sistema de saneamiento ambiental y salud pública para manejar las grandes cantidades de basura y desechos que pueden ser capaces de generar a medida que se expanden.

En los últimos veinte años, las principales tendencias que se han podido observar en la región abarcan: soluciones alternativas para la vivienda social y el hábitat popular; propuestas para mejorar la movilidad urbana; recuperación y reciclaje de espacios públicos, así como de edificios de valor patrimonial, para funciones culturales; y también la aparición de nuevos edificios emblemáticos. Frente los problemas que aún persisten en cuanto a las regiones menos favorecidas urbanísticamente, en las que desde hace años se han asentado cinturones típicos de personas en pobreza a veces extrema en zonas relegadas (tugurios), habitando en viviendas precarias de materiales inadecuados, han surgido ciertas alternativas que arrojan luz en la búsqueda de nuevas perspectivas y soluciones.

Situándonos en este contexto, podemos citar los trabajos de Fruto Vivas en Venezuela, la obra de Simón Vélez con el bambú en Colombia, y la continuidad de la tradición del ladrillo, que ha tenido entre sus principales exponentes al colombiano Rogelio Salmona. En las zonas más avanzadas, encontramos el fenómeno de la "manhattanización", entendido como la construcción de nuevos rascacielos o densamente en conjunto, transformando la apariencia y carácter de una ciudad, dándole un aspecto cosmopolita o metropolitano, destacable en ciudades como Santiago de Chile y Panamá. En cuanto a viviendas para poblaciones de estratos más bajos, las obras de Alejandro Aravena y Fernando Castillo Velasco en Chile son una referencia obligatoria de vivienda progresiva, la cual combina el uso del ladrillo con elementos prefabricados de hormigón armado y estructuras metálicas para las galerias de circulación. El valor de estas viviendas experimentó un notable incremento después de su probada resistencia ante el terremoto que afectó a Santiago de Chile en el año 2008.

A todo esto se suma la construcción de los nuevos proyectos financiados y promovidos por los gobiernos locales, no solamente habitacionales, sino también edificaciones de interés general como escuelas, hospitales, hoteles, apoyo en el mejoramiento de espacios públicos, conjuntos residenciales e incluso centros universitarios. La demanda privada del sector construcción, que ha generado también la aparición de nuevos edificios y casas, y la rehabilitación de espacios culturales ya existentes como museos y edificaciones que son parte del patrimonio histórico, han permitido dar una nueva y refrescada faz a estas metrópolis, de cara a las innovaciones y alternativas del nuevo siglo, en el que lo ecológico y funcional parecen ser las dos preocupaciones más acentuadas.